jueves, 7 de mayo de 2009

-28 de Abril- "Por tu felicidad, minino"

Había hecho precisamente un dibujo ese día nadamás llegué del cole. Ahora, más relajada y por fin quieta durante unas horas, y a oscuras, lluegué, aun sin moverme, al lugar en que habíamos quedado todos: Salón de Gandía. El ambiente es agradable, aunque me cuesta lijeramente contemplar lo que me rodea. ¿Por qué no llevaré las gafas? Un poco nerviosa, pues la sociabilidad no es mi virtud, miraba mi ropa roja y negra (mis colores preferidos), con el collar de perro (como lo llama alguien conocido) y los brazos cubiertos con dos pares de pulseras, ora de pinchos, ora de cualquier tipo de 'mi estilo'. Había intentado, con éxito, el incorporarme a una o dos conversaciones, pese a que mi nerviosismo perduraba.


-¡Qué bien que al fin pudiera ponerme esta camisa que tanto me gusta!-escuché decir a una chica de mi derecha, vestida de colores que contrastaban con los mios por su vivacidad, de tonos verdes y amarillos.


Entonces, escuché una canción de An Café que me gusta mucho, cuyo videoclip podía observarse en una tele que allí había, y grité:


-¡Tengo más canciones del grupo! Me encanta.


A lo que otra joven contestó que ella también tenía, por lo que no hacía falta que las dejara para su visión y para gaudir de esos sonidos agradables que transmiten. De repente, llegó algo (o debería decir, Alguien) que modificó por completo mi estancia. Un gatito entró por una puerta que se asemejaba a la que lleva al balcón de mi casa. Era de una niña, y yo, amante de lo felinos, fui a acariciarlo. El gatito se me acercaba, y lo tuve entre mis brazos. De repente, sentí miedo, y como si aquel astuto animal lo notara, sacó sus uñas y me arañó. Aguanté un poco al principio, haciendo como que no pasaba nada, hasta que lo dejé. Pasé de ser un ratón valiente a temerario, y huí, empecé a correr de un lado para otro con la finalidad de que no me arañara. Es hermoso, pero duele. Y él me seguía.


-¿Qué quieres de mí?


Dije mientras bordeaba una mesa (como la de mi comedor... este sitio se asemeja a esa habitación) esquivando para no toparme con él. Entonces, decidí mirarle a los ojos, firmes, ocultando todo lo posible lo que bajo ellos se encuentra. Y me detuve. Una página, como de internet, apareció ante mis ojos, impidiéndome la visión de cualquier otra cosa. Leí "Lluna, querida; Shippo la mejor;..." Y más que le seguían en una lista, con dos en cada fila. Busqué mi nombre, nerviosa, pero no lo encontré. Aquello era como los sentimientos del gatito (¿de veras?), y me supo mal no aparecer. Pero giré la cabeza, y vi al gato con cara no demasiado alegre, bajo los pies de dos personas que lo acariciaban sin él oponer ninguna resistencia. ¿Sería su dueña? No lo se... Más con mi mirada fija en el felino, le sonreí, y contenta me percaté que venía hacia mí. Me agaché y le di un achuchón. Él me arañaba, pero ni sus uñitas, ni su cara como queriendo decir "No te he puesto, te aguantas" me hicieron perder las ganas de seguir a su lado.


-Te ayudaré siempre. Solo quiero que sonrías. Y si no aparezco ni ahora ni nunca en tu lista, no me importará, mientras sepa que eres feliz.





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