-¡Gracias! Eh... Laura- quería llamarle de otro modo, pero me daba vergüenza decírselo.
Nos sonreímos mutuamente. Después, seguimos corriendo y contemplando el paisaje.
Y entonces... dirigiéndome hacia ella con los brazos abiertos, le dije:
-¡Tomo-estrella! ¿Puedo llamarte Tomo-estrella?
Me respondió con una cara alegre, en la que se dibujaba claramente una profunda gran sonrisa.
·You are my Tomo-estrella·



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