lunes, 5 de abril de 2010

29 de Marzo .. 4 de Abril- "Sí quiero: Unidad"

·29 de marzo·

Estaba paseando por la ciudad con Sandra, Quique y otro tipo que me presentaron que parecía ser amigo suyo. Me contaron que tenía cáncer en el pulmón izquierdo, y yo, mostrándome comprensiba, me acerqué cariñosamente a él.

-Ay... pobrecito... Pero descuida. Tú puedes curarte, y lo harás.

Él, como apreciando mi apoyo, se dejaba abrazar. Seguimos caminando un rato muy próximo uno del otro. Entonces empezaron a querer brotar ligeramente unos deseos. Nos detuvimos en una especie de comisaría pequeña, que parecía estar sacada de una serie de dibujos animados. Entonces fui a besarle... pero algo me lo impedió. ¿Y si no quiere?

-Adelante. ¿Por qué no sigues?

A partir de ahí lo que pasó está claro, y sin dudas pudimos hacer lo que queríamos los dos.

Volví con el resto. Ahora estaba Tomo-estrella, y teníamos que coger un tren. Ella por supuesto siempre la primera. Yo y Kike logramos comprarlo después, aunque no seguido de mi amiga, porque una multitud de gente se avalanzó deltante nutra. Pero enseguida pudimos comprarla. Sandra quedó atrás, pero no tardaría en alcanzarnos.

Entonces, caminando con Kike, yo siguiéndole, pues parecía saber exactamente el lugar, por querer avalanzarnos, nos perdimos. Pero se dio cuenta a tiempo, y fuimos con los demás sin problemas.

Con ellos tres me sentía tranquila y alegre. Mis amigos. Mis queridísimos amigos.


Al cabo de un rato estaba yo en mi cama, pensando en todo aquello. Entonces recordé que inconscientemente, antes de cerrar los ojos había formulado una pregunta. Estaba pensando en una amiga... Imaginaba que estaba con ella y hacíamos de todo... Era muy divertido. Tenía ganas de probar una nueva experiencia con ella y una sensación me detubo. '¿Ella querrá?'-pensé. Y como yo creía que no, sin intentarlo siquiera paré. ¿Sería, aquello, una respuesta a lo que de verdad hubiese deseado ella hacer?



·4 de abril·


No sé que había hecho antes, pero ahora estaba paseando con un rumbo fijo hacia casa, y vi en una de las casitas de enfrente de casa a mi amiga hermosa. Como si mi mente pensara distinta del cuerpo que seguía, me preguntaba por qué no paraba. Quizá fue el instinto. Ella estaba con su hermana y con su madre. Es probable que no fuera el momento.

Pasó un breve tiempo. Yo ya había habierto los ojos, pero volví a cerrarlos, pues aunque no notaba que tenía sueño, algo me impulsó a dormirme de nuevo.

Aparecí de pronto en aquel lugar de mi infancia. Estaba junto a otros niños claramente de edades inferiores. Seguía a un grupo, pero de alguna forma sentía que no era mi lugar. Llegó la hora de subir a clase, pues estábamos en la planta baja, aquel rinconcito en el que nos quedábamos esperando a que nos recogieran nuestros padres cuando llovía.

-¡A clase, vamos a clase!

Al principio me dejé arrastrar hasta la primera planta. Pero luego, aun lledo a contracorriente, logré regresar al lugar de onde venía. Entonces las vi. A la belleza en persona y a su hermana. Como que llegó aquel que las rcogería, y yo las vi marchar. Cuando quise seguirlas, ya no estaban. Pero me alegró verla igual.

¿Crees acaso que iba a permitir que volviera a escapar sin más? Al día siguiente, solo con ese pensamiento en mente, corrí hacia aquel rincón. Iba muy cargada, y dejé mi bolso de Jack, mi carpeta de A2 y mi mochila. Y allí estaba ella... Parecía que tenía prisa, pues estaba moviéndose de un lado a otro como inscrita en un queño rectángulo. Apoyó de pronto sus brazos sobre uno de los bancos verdes, que estaba oblícuo al plano vertical, en vez de perpendicular como normalmente. Esta vez estaba ella sola. Entonces vi que mi oportunidad había llegado. No iba a permitir que se fuera sin más de nuevo. Así que me acerqué sigilosamente por detrás y...

-¡Te cogí!

Abrazándola por la espalda, ella no hizo el más mínimo intento por escapar. ¿Será que le gustaba?

Yo... estaba muy feliz y sonriendo. Volteó ella su cuerpo, y el estrés pareció como si se le fuera, o al menos, disminuyera tanto que las cantidades se hacían prácticamente invisibles.

Y la abracé fuerte y se dejó. Me recogió con sus brazos en el momento en el que puse los mios sobre su cuerpo. Y noté su aliento, su calidez. Especialmente instantes después, en los que nos cogimos de la mano, colocando la otra en el extremo más alejado de su cadera.

Tan calentita, tan dulce, tan encantadora. Deseé estar así por siempre. Pero habían asuntos que realizar, así que caminamos, manteniendo esa postura de clara 'unidad'.

Llegó mi padre, que vino a recogerme, y le dije que esperara un rato. Extrañamente aceptó.
Ella me comentó que quería ir a entregar unos pollos a un sitio. Por supuesto acepté, y entramos en un servicio pequeño y oscuro por el que tuvimos que pasar para salir. Solo en ese sitito nos soltamos.

Cogidas de nuevo, después de andar un poco, llegamos a un pequeño lago, con gente sentada en la parte izquierda. Eran como una especie de jurados, y nosotras teníamos que atravesarlo por enmedio, pasando por unos troncos que si bien no parecían muy estables, en ese instante ni me lo planteé. Pasamos como si nada, salto por salto, nuestras piernas perfectamente sincronizadas, y aun cogidas. Si nos hubiéramos girado, podríamos haber visto que en el lago se había undido lo único con lo que podías cruzar. Luego allí, vimos llegar una carretilla roja con los tres o cuatro gallos que esperábamos, y nos aseguramos de que entraban bien. El rostro de mi amiga se veía muy bello y por unos instantes, lleno de paz. ¿Sería aquello una sonrisa que me dedicó? Una joven que estaba allí en aquel sitio, nos miró alegre, como dándonos las gracias por lo que acabábamos de hacer. Volvimos por un camino al colegio, entrando, claro está, por el cuarto de baño. Nos quitamos nuestros calcetines que estaban mojados, y caminando descalzas salimos.

Ahora es probable que tocara la hora de despedirnos. Pero las dos sabemos que aquel 'hasta otra' no tardaría mucho en llegar.
.


No hay comentarios:

Publicar un comentario