Me había pedido un amigo que fuera a preguntarle si podía concederle una cita.
Corrí tras él, bajando rápidamente las escaleras.
-¡Esperaaaa!
Al final lo alcancé y se detuvo.
Me presenté, le di dos besos entre mejilla y mejilla, pues al parecer esa era la forma de saludarlo.
Le comenté lo de mi amigo.
-Lo siento, estoy comprometido.
Empezó a hablarme en inglés y yo entendía a trozos.
-Congratulations!- dije al escuchar que iba a casarse con su amante.
Y así, al rato, marchó.
Para entonces, ya estábamos arriba del edificio, y decidimps bajar por las rampas, que ocupaban el sitio de las anteriores escaleras.
-Wiiiiiiiiiiiiiiii-gritamos mientras descendíamos.
Era divertido. Había niños que como nosotros, jugaban y se divertían mucho.
Deslizándonos por la segunda rampa, se cruzó un bebé, de cabello rubio y más bien corto, que brillaba con esa cálida y enorme sonrisa que provenía de su cara delicada.
Venía hacia mi con los brazos abiertos.
Realmente adorable.
Y así, yo, junto a aquellas personas que ni siquiera recuerdo, seguimos disfrutando.
Porque somos niños.
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