lunes, 7 de junio de 2010

6 de junio- "Manoseando"

Sí... ya era bien temprano.


Estábamos viendo una peli. Me sentía como en el cine de verano, aunque estábamos en el sótano del colegio con una pantalla que cabía justo en ese recinto, en dos filas y por supuesto en un recinto rerrado.
A mi derecha, en la segunda fila, estaba sentada mi hermana.
De pronto, mi móvil sonó, y 'salí' para hablar con el ser que me llamaba.
-¿Sí?
-Hola Ana, soy Mati.
-¡Ah! ¡Hola!-dijo sorprendida, pues no esperaba para nada que fuera él.
-¿Te vienes a ver una peli? La titulada Estéfani Meyer.
-¡Claro! ¿Qué día?
-Pues... espera... ¿Baves, que día te viene bien?
-¿Te parece el sábado? Es que si es otro no puedo...
-Ok.

Ya no seguí escuchando nada más, y pues me pareció que la conversación había finalizado.
Volví al cine con mi hermana.

-¿Quién era?
-No te los vas a creer. Mati, diciéndome que quería que fueramos al cine, nosotros y Bave.

En la primera fila estaban sentadas a la izquierda dos personas en las que ni siquiera me fijé, y separadas con un asiendo vacío a la derecha Una Doncella y su hermana.

La peli terminó, y pensé que cuando se levantara, sería el momento de ir hacia la princesa y decirle: '¡Vamos juntas!'

Entonces ese momento llegó, me avalancé sobre ella y la abracé.

-¡¡Buu!! Hola encanto.
-¡Anaaa!- dijo sonriendo.

Al principio estábamos con gente e hizo un leve intento por apartarse un poco, pero solo unos segundos, ya que enseguida entendió la realidad. Y se dejó abrazar. Yo la tenía cogida por detrás con dulzura.
Luego la tomé por delante. Ella acompañaba mis brazos con los suyos.

-Te quiero mucho.
-Yo igual te estimo.

-Dime... ¿te gusta tu cuerpo?- dije mientras seguía abrazándola por detrás, totalmente pegada a ella.
-Pues... no demasiado.
-¿Y tus pechos?-pregunté a la vez que pasaba mi mano sobre ellos.
-Igual un poco grandes...
-¡¡Pero si estás perfecta!! Yo soy pechoplano jaja-pronuncié en el instante en que tocaba mis tetas.
Sus senos estaban cálidos, como su cuerpo.
Fue mágico y curioso que mientras tocaba los suyos, sentía como si los acariciaba realmente, sin ninguna muralla ni máscaras llamada ropa. De verdad que pude sentirlos y manosearlos. Sin que ella me lo impidiese. Solo me miraba, me sonreía y hablaba.

Y cuando yo me los toqué era como si le estuviese enseñando los mios.


Una fusión intimísima entre nosotras.

-Bueno cógete.
Y casi sin terminar la frase ya la tenía pegada a mis espaldas, lo mejor y más cariñosamente cogida que una persona se puede agarrar.

Tan dulce, tan cálida.


Y lo mejor de todo...

-Bien ahora bajaremos juntas las escaleras.

... se la veía feliz de verdad.



Ella sonreía.

Y no a cualquiera.

Me sonreía a mi.




Y seguía cogida.

.

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